La Amazonía es un ecosistema
único que se ha conformando desde hace
más de 12.000 años en torno a un
inmenso río: el Amazonas. Sus aguas marcan
el ritmo de un ecosistema sumamente complejo y
excepcional.
Desde su nacimiento en la
cordillera de los Andes hasta su desembocadura
en la Isla de Marajó en la costa atlántica
de Brasil, el río Amazonas recorre 6.868
Km., la distancia entre Nueva York y Berlín.
Por el estuario del río Amazonas pasa la
quinta parte de toda el agua dulce del planeta.
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El Amazonas es el río más grande
del mundo, 80.000 Km de longitud y más
de 1.000 afluentes, además de lagos y miles
de igarapés (pequeños brazos de
río por donde sólo pueden pasar
pequeñas embarcaciones). En un día
el río Amazonas vierte más agua
al Océano Atlántico que el río
Támesis en todo un año.
El río Amazonas transporta 800 millones
de toneladas de tierra al año. Con estos
sedimentos se podría formar una montaña
120 veces más alta que el famosos Pan de
Azúcar de Río de Janeiro. Además,
puede alcanzar una profundidad de 120 m en vario
tramos. Es decir, la Estatua de la Libertad (91,5
m) quedaría totalmente sumergida en el
lecho del río.
La mayor parte del río Amazonas - el 60%
- recorre Brasil pero también discurre
por Perú, Bolivia, Ecuador, Surinam, Guayana
Francesa, Guayana, Venezuela y Colombia.
El tamaño de la Cuenca del Amazonas es
difícil de visualizar. Pero toda la Europa
Occidental cabría dentro de ella, incluso
la mayor parte de EE.UU.
Los 600 millones de Ha. que abarca la Región
Amazónica se extienden por varios países:
Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela,
Bolivia, Surinam, Guayana Francesa y Guayana.
Unos 350 millones de Ha. se encuentran en Brasil,
estando el 80% del territorio cubierto por bosques.
En el arco de la cuenca amazónica, los
bosques de Brasil, Perú, Ecuador, Venezuela
y Colombia están clasificados entre los
de mayor riqueza biológica en el mundo.
El 50% de los bosques brasileños está
ubicado en la región amazónica,
ocupando una superficie de aproximadamente 270
millones de Ha. (PNUMA-FAO). Es decir, el bosque
tropical amazónico brasileño tiene
una extensión 30 veces superior a la superficie
ocupada por las masas arboladas (cultivos forestales
y bosques) en España.
Esta región contiene uno de los mayores
bosques tropicales del Planeta, pero también
sufre una de las más diversas gamas de
amenazas: incendios forestales, talas, construcción
de grandes infraestructuras, expansión
de la agricultura y la ganadería, plantaciones
de soja, de eucaliptos, minería, prospección
petrolífera, etc.
La Amazonía brasileña se extiende
por nueve estados brasileños, ocupando
el 60% del territorio ocupado por Brasil. Si fuese
un país independiente sería el sexto
del mundo en tamaño. Ocupa una extensión
equivalente a 10 veces España.
Afortunadamente, tal y como existe hoy, cerca
de las dos terceras partes de la selva amazónica
brasileña original están todavía
intactas.
Los parques nacionales y reservas ecológicas,
124 áreas desde que se inició su
creación en los años 70, ocupan
en la actualidad 4,5 millones de Ha. Una superficie
equivalente a Suiza.
Este ecosistema único merece la oportunidad
de salvarse. Se extiende por el 7% del planeta
y encierra el 50% de la biodiversidad mundial.
En él habitan el 70% de las especies terrestres
animales y vegetales del planeta.
De los miles de especies amazónicas se
conoce menos del 50% y el ser humano apenas utiliza
un 1% de ellas.
La Amazonía contiene la mayor riqueza de
plantas del planeta. Más de 30.000 especies
han sido ya identificadas y se descubren nuevas
especies diariamente. Algunas de estas especies
tienen beneficios medicinales todavía desconocidos.
En la Amazonía brasileña se encuentra
un tercio de los árboles del Planeta.
El 33% de los bosques latifolios (constituidos
por árboles de hojas anchas) del mundo
está en la Amazonía. 750 especies
diferentes de árboles.
En esta región habita el 33% de los 30
millones de especies de insectos que habitan en
la Tierra. Además de 300 especies de reptiles.
Por ejemplo, existen 2.500.000 de especies de
artrópodos.
De las 483 especies de mamíferos que viven
en Brasil, 324 viven en la Amazonía (el
67%), con más de 58 especies de monos,
algunos descubiertos recientemente. Hay cerca
de mil especies diferentes de aves (el 11% de
todas las especies de aves conocidas del planeta).
Destaca también una gran diversidad de
especies de ranas, la existencia de 30 especies
diferentes de langostinos y otras treinta de cangrejos.
Existen 1.500 especies de peces de agua dulce
conocidas y se estima que el número total
alcanzaría las 3.000. Es decir, 15 veces
más que todas las especies de agua dulce
encontradas en todos los ríos de Europa.
Existen dos especies de delfines de río,
así como cocodrilos, tortugas y nutrias
gigantes.
Sólo en el río Negro, uno de los
principales afluentes del Amazonas, existen 450
especies diferentes de peces cuando en toda Europa
sólo hay 200 especies.
Entre las especies piscícolas destacan
el pez buey que puede llegar a pesar media tonelada
y medir 3 m, el tucunaré, el tambaqui,
el pirarucu que puede llegar a medir 3 metros
y pesa 200 Kg o el delfín rosa que llega
a comer entre 3 y 4 Kg. de pescado al día.
Una hectárea de bosque tropical puede albergar
hasta 50 de árboles diferentes, como la
caoba (Swietenia macrophylla) o el árbol
del caucho (Hevea brasiliensis). Uno sólo
de estos árboles puede dar cobijo a unas
80 especies epifitas, entre las que destacan las
bromelias y las orquídeas.
En la Amazonía, junto a la pluvisilva o
selva lluviosa, encontramos zonas boscosas de
montaña donde abundan los matorrales, bosques
pantanosos o igapó, sabanas de arenas blancas
muy ricas en endemismos, sabanas de las tierras
altas donde dominan las praderas de gramíneas
y los juncales, pequeñas zonas de manglar…
Sin embargo, debido a la escasez de datos sobre
la Amazonía brasileña, es difícil
establecer rigurosamente las áreas ocupadas
por distintos tipos de vegetación. Es más,
los tipos de vegetación no se pueden separar
estrictamente ya que es muy complicado interpretar
las etapas intermedias y de transición
y ubicarlas en algún tipo de clasificación.
Sin embargo, a grosso modo si podemos distinguir
diferentes ecosistemas dentro del complejo y diverso
entramado de vida que alberga la Amazonía:
La alta pluvisilva de tierra firme cubre entre
el 65-70% de la Amazonía brasileña
y la baja pluvisilva de tierra firme, que contiene
gran cantidad de tipos de palmeras como la Orbignya
(babaçu), cubre aproximadamente entre un
10-15% de la Amazonía brasileña,
distribuyéndose principalmente al sur,
entre los ríos Tocantins y Madeira, también
el Valle del Río Branco, en Roraima.
Se trata de sistemas cerrados con suelos generalmente
pobres donde casi todos los nutrientes disponibles
están contenidos en la vegetación.
Las partes muertas se descomponen rápidamente,
se mineralizan y se reabsorben por medio de las
raíces. Existe un mecanismo enormemente
eficiente que impide las pérdidas por lixiviación
y que consiste en que el suelo está protegido
por la materia orgánica. Cuando una hoja
cae, transcurre un tiempo muy corto hasta que
se fija por medio de micelios de hongos. De este
modo los nutrientes vuelven rápidamente
a la circulación y las pequeñas
pérdidas se compensan con los nutrientes
contenidos en el agua de lluvia.
La vegetación de montañas y laderas
es muy diversa, predominando el matorral en las
zonas altas y el bosque denso, también
abierto, a baja altitud. Ocupa entorno al 0,5%
de la superficie total. Otro 2% corresponde a
las denominadas tierras bajas y a bosques pantanosos,
sobre suelos muy húmedos y con escasa aireación.
Las sabanas de arenas blancas (campinas, caatingas
y chavascais) contienen una vegetación
muy diversificada, tanto arbórea como arbustiva,
sobre suelos arenosos y pobres. Se extienden por
amplios territorios en el Valle del Río
Branco y en los cursos medio y alto del Río
Negro.
En el litoral abundan bosques de mediana altura
y amplias zonas de matorral, distribuidos a lo
largo de la costa: playas, dunas, manglares y
vegetación xerófila (restingas).
Sabanas de tierras altas (campos de terra firme)
donde predominan las gramíneas y juncales,
entre matorrales y árboles pequeños.
La mayoría de estos campos son praderas
de gramíneas puras (campos limpos) o sabanas
con pequeños árboles diseminados
(campos cobertos).
El gran bosque denso incluye tierras bajas encharcadas
(várzea alta) y no se distribuyen de forma
continua. Se dan multitud de situaciones diferentes
en función del grado de inundación
durante la estación húmeda que puede
durar muchos meses. Las várzeas de la cuenca
baja del Amazonas (Monte Alegre, Santarem, Oriximiná,
Parintins) están siempre asociadas a hierbas
(canaranas), mientras que las del estuario del
Amazonas son arboladas, en algunos casos existen
sabanas litorales.
En la cuenca baja del río Amazonas están
prácticamente ausentes las palmeras, mientras
que las várceas de la región del
estuario son muy ricas en ellas, sobre todo de
los géneros Mauritia, Euterpe, Iriartea,
Manicaria, Raphia, Bactris, Astrocaryum, Geonoma
y Desmoncus.
Los bosques igapó (pantanos) son similares
a las várceas, sólo los diferencia
el hecho de que en las zonas de igapó la
inundación persiste más tiempo.
Los igapós se encuentran a cierta distancia
de los ríos, cuyas orillas son ocupadas
por várceas.
Los manglares litorales son formaciones uniformes
a lo largo de casi toda la costa. En la Amazonía
ocupan sólo pequeñas áreas,
destacando especies como: Rhizophora mangle, R.
harrissonii y R. racemosa.
Las matas de cipo (bosque de lianas) son bosques
bajos con muchas lianas son muy ricos en especies
y se distribuyen fundamentalmente por la cuenca
del Itacaiunas. Pueden albergar grandes árboles
que alcanzan alturas superiores a los 50 metros.
Por ejemplo, la mayor parte del área de
la carretera transamazónica, entre Marabá
y Altamira, está cubierta de bosques de
lianas sobre todo tipo de suelos.
Otro ejemplo que puede ilustrar la riqueza y diversidad
que encierra la selva amazónica es que
en áreas de no más de 5 Ha. muestreadas
en las cercanías de la ciudad de Belén
se registraron 345 especies diferentes con 8.311
individuos. En el bosque de tierra firme se encontraron:
52 familias, 136 géneros y 224 especies,
2.607 individuos; en el igapó: 47 familias,
118 géneros, 180 especies, 2.792 individuos;
en la várzea: 45 familias, 124 géneros,
196 especies y 2.912 individuos.
La vegetación de la Selva Amazónica
está conformada por innumerables especies
que viven unas sobre otras en una lucha continua
por la supervivencia: Orquídeas y Bromelíaceas,
helechos gigantes, o especies arbóreas
como: la hevea (Hevea brasiliensis - el árbol
del caucho), la caoba (Switenia macrophylla),
la jatoba (Himenaea spp.), la virola (Virola spp.),
el palo de Brasil (Guilandina echinata), el cumaru
(Coumarouna odorata Aubl.), el louro vermelho
(Octea rubra), el tauari (Couratari spp.), la
cerejeira (Amburana cearensis), la andiroba (Carapa
guianesnsis), el ipe (Tabebuia serratifolia),
la cupiuba (Goupia glabra Aubl.), la jequitiba
(Cariniana spp.), el cedro (Cederala spp.), el
palisandro (Dalbergia nigra), la piquia (Caryocar
spp.), el pau-rosa (Aniba rosaeudora), las castanheira
(Beertholettia excelsa), el angelim (Dinizia excelsa),
la Copaiba (Copaifera multijunga), etc.
Entre los habitantes de la selva se encuentran
desde colibríes de apenas unos gramos,
como el Mellisuga helenae, hasta la enorme anaconda
(Eunectes murinus); desde especies que viven en
las copas, como los perezosos (Bradypus spp. y
Choloepus spp.) a mamíferos de río
como el delfín del amazonas (Inia geoffrensis);
de apacibles aves de espléndidos colores,
como el gallito de roca (Rupicola rupicola) o
el guacamayo azul (Ara ararama), a vampiros (Desmodus
rotundus) o ranas venenosas (Dendrobates spp.
y Phyllobates spp.), especies de anfibios muy
singulares, conocidas por sus llamativos colores,
advertencia del veneno de que disponen.
La selva encierra una rica representación
de primates: monos aulladores (Alouatta spp.),
tamarines (Saguinus spp.), sakíes (Pithecia
spp. y Chiropotes spp.), monos araña (Ateles
spp.), titíes (Callithrix spp.); aves casi
prehistóricas como el curioso hoatzín
(Opisthocomus hoazin) y multitud de roedores como
el agutí (Dasyprocta spp.).
Hervíboros como el tapir americano (Tapitus
terrestris); insectívoros como el oso hormiguero
(Myrmecophaga tridactyla), el tamandúa
(Tamandua tetradactyla) o el armadillo (Dasypus
novemcinctus); carnívoros como los caimanes
(Caiman spp.), el jaguar (Panthera onca) o las
pirañas (Serrasalmus piraya). Sin olvidar
el guacarí blanco (Cacajao calvus calvus),
rarísima subespecie reducida al noroeste
de Amazonas, o el perezoso (Bradipus tridactilus)
y ofidios tan emblemáticos como la boa
(Boa constrictor); artrópodos como las
hormigas cortadoras de hojas del género
Atta.
El mayor escarabajo que se conoce en el mundo
vive en la Amazonía es el Titanus gigantus
y mide 20 centímetros. también vive
la mayor mariposa del mundo, la imperator, unos
30 centímetros y el mayor langostino del
mundo, el pitu, que puede llegar a medir 48 cm.
Entre las especies típicas de la Amazonía
encontramos al perezoso, el macaco de noche, (el
único mono nocturno del planeta), la mayor
águila del planeta la Harpía amazónica,
que puede alcanzar 97 cm de altura.
La mayor tortuga de agua dulce del planeta habita
en la selva amazónica, su caparazón
puede llegar a medir 1,5 m. Se trata de la tortuga
amazónica.
La mayor hoja de la Amazonía mide 2,5 metros
de longitud y pertenece a un árbol de la
familia de las Poligonaceas, género Coccoloba.
La llamada victoria-regia, uno de los símbolos
de la Amazonía, no es una simple hoja,
sino la mayor flor del mundo, pudiendo alcanzar
2 m. de diámetro.
La Amazonía también juega un papel
destacado en el ciclo mundial del agua ya que
una quinta parte del agua dulce del Planeta corre
por el intrincado sistema fluvial que recorre
este ecosistema.
La selva es vital para la estabilidad del régimen
de lluvias regional y del clima global. De hecho,
cuando se explota o se quema, se liberan enormes
cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera,
acentuando el cambio climático. Este hecho
aumenta la temperatura de la atmósfera,
acentuando, de esta manera, el cambio climático.
Una explotación forestal, y agro-ganadera
intensiva que ocasiona la fragmentación
de las masas boscosas ocasiona que éstas
sean aún más vulnerables a los incendios
forestales.
El nombre de amazonas fue puesto por el fraile
español Gaspar de Carvajal, el primer cronista
europeo en viajar por el río durante la
expedición de Francisco de Orellana en
la segunda mitad del siglo XVI. El fraile afirmó
que su embarcación fue atacada por mujeres,
que como en la mitología griega de las
amazonas, pretendían esclavizar a los hombres
para procrear y después matarlos.