Página Inicial Página Inicial
Portugués Online << Home
 
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  Vocabulario on-line
 

  Arte Moderno
  Bandera de Brasil
  Capoeira
  Carnaval Carioca 2007
  Clima
  Contos e Lendas
  Contos Infantis
  Distancias
  Extranjero en Brasil
  Festas Juninas
  Festividades
  Festividade Religiosas
  Gastronomía
  Historia
  Lengua portuguesa
  Literatura popular
  Localización geográfica
  Mercosur
  MST - Sin Tierra
  Música
  Patrona del Brasil
  Población
  Trabajo en Brasil
  Visas para Brasil
 

Informes
Especiales

  Blumenau - Oktoberfest
  Bonito - MG do Sul
  Bombas y Bombinhas
  Bumba meu Boi
  Caetano Veloso
  Cataratas del Iguazú
  Chapada Diamantina
  Festival de Parinitns
  Gal Costa
  Machado de Assis
  Museo de la Lengua
  Natal - Especial 2007
  Portinari
  Réveillon no Rio
  São Joaquim - SC
  São Paulo 450 anos
   
 
MST - Movimento Sem Terra
Los campesinos por la tierra por Fabio L.S. Petrarolha



Millones de brasileños en la pobreza, encabezados por el Movimiento de los "Sin Tierra", desean establecerse en terrenos sin explotar ¿Podría esta situación llevar a una guerra civil?

Cuando cientos de manifestantes Brasileños protestaban por la lentitud de la reforma a la propiedad de la tierra auspiciada por el actual Gabinete, bloqueando el tráfico en una carretera cerca de su campamento, llamado El Dorado dos Carajás, el 17 de abril del año pasado, el Gobierno de Brasilia acordó enviar 50 autobuses para llevarlos a Marabá.

Ahí se les dijo, podrían negociar con el Ministro de la Reforma Agraria. En lugar de eso, llegó la Policía Militar, les disparó gas lacrimógeno y luego abrió fuego con metralletas. Los manifestantes corrieron en todas direcciones, buscando refugio en la maleza o en las casuchas cercanas. La Policía los persiguió, disparando. En cuestión de minutos, 19 participantes de la protesta habían muerto y otros 45 resultaron heridos.

La suerte quiso que un reportero y un camarógrafo de televisión estuvieran entre las personas que quedaron atrapadas en el embotellamiento creado por la manifestación. La grabación de la masacre fue la primera en la que el público brasileño vio la violencia que con frecuencia ha afectado al Movimiento de los Sin Tierra (MST) .

   
     


 Las milicias privadas

El movimiento de los Sin Tierra es un grupo popular fundado en 1984 que organiza polémicas ocupaciones de suelos para ayudar a los campesinos desposeídos y a los que anhelan escapar de los cinturones de miseria a establecer pequeños campamentos agrícolas en las vastas extensiones de terrenos privados, pero inactivos de Brasil. En la actualidad, aproximadamente 44 mil familias se encuentran en calidad de posesionarios en varias extensiones de terreno.

El Movimiento no puede ser fácilmente ignorado. Miles de trabajadores se han involucrado y disfrutan del apoyo de la Central de Trabajadores Unidos (CTU) , que representa a más de 20 millones de empleados, y del Partido Laboral, el principal de la oposición.

En muchos casos, los ocupantes son dispersados. Porros contratados por terratenientes privados, la Policía, o ambos, a menudo atacan los campamentos y desalojan a los posesionarios. Las golpizas son comunes y las masacres de los ocupantes no son inusitadas: más de mil 700 han muerto en la última década, de acuerdo con la CTU.

Los trabajadores agrícolas están dispuestos a arriesgar la vida porque, si tienen suerte, su posesión de la tierra eventualmente será aceptada como un hecho consumado y el Gobierno seguirá el mecanismo establecido en la Constitución Brasileña de 1988 para comprar la parcela a su dueño original y entregar el título a los ocupantes.

Todos los posesionarios saben que las probabilidades de beneficiarse de la reforma varían de mínimas a cero, a menos que tomen una acción directa. Casi medio millón de brasileños se ha reubicado de esta manera.

 Dos Brasiles

Brasil no es un país pobre. Ocupa el noveno lugar mundial en Producto Interno Bruto. Para 2015, la economía de esta nación sudamericana, que ya supera a la de Rusia, será la sexta más grande del orbe, de acuerdo con un pronóstico del Ministerio de Finanzas de Gran Bretaña.

Sin embargo, los frutos del enorme crecimiento económico han sido ambiguos. El 40 por ciento de la población, la más pobre, recibe sólo el 7 por ciento del ingreso total. El resultado: un paraíso para pocos y una pesadilla para muchos.

Si la desigualdad de ingresos es asombrosa, las disparidades en la distribución de la tierra son aún más impresionantes. Menos del uno por ciento de los terratenientes controla casi la mitad del campo.

A medida que se moderniza la agricultura, millones de campesinos han perdido sus empleos. En consecuencia, existen 12 millones de trabajadores sin tierra. Al emigrar a las ciudades encuentran que simplemente cambiaron la pobreza rural por la miseria urbana en un marco de escasa creación de empleos.

 El Coronelismo

El origen de la desequilibradas políticas brasileñas sobre la tenencia de la tierra data de la tercera década del siglo XVI, cuando el Rey Don João III de Portugal dividió su colonia en Sudamérica en 15 inmensas extensiones de terreno (capitanías hereditarias), y las distribuyó entre 13 colonos (donatarios).

Con el paso de los siglos, echó raíces una cultura de Coronelismo. El "Coronelismo" se deriva de los "coroneles" (coronéis), los terratenientes originales, la mayoría de los cuales tenían títulos militares. Durante siglos, los coronéis gobernaron Brasil.

A principios del siglo XX, la élite rural seguía siendo dominante, ya que la economía era fundamentalmente agrícola y no había poderes para contrarrestarla o medios para oponerse a ella. La hegemonía de los coroneles no fue desafiada durante los años 20. Sin embargo, al inicio de los 30, y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, Brasil experimentó un intenso período de urbanización e industrialización.

La oligarquía vio entonces disminuido su monopolio político y económico, aunque sus prácticas tradicionales siguieron floreciendo en los sitios más pobres del país, donde continuó gobernando a manera de señor feudal.

 La Reforma Agraria

Aún cuando su poder relativo se estaba desvaneciendo, la élite agrícola tradicional protegió ferozmente su histórico control del campo.

En 1964, el Presidente Joao Goulart firmó un decreto autorizado al Gobierno a comprar granjas sin utilizar (o muy poco utilizadas) con más de 480 hectáreas. La respuesta de la oligarquía fue rápida. En cuestión de semanas, la élite conservadora brasileña montó un golpe militar que derrotó a Goulart y terminó con cualquier prospecto de reforma en el campo, iniciando una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica.

Hoy en día, 10 años después del fin de la dictadura, y en gran medida debido a la gran concentración de riqueza que ocurrió durante el régimen, la cuestión del acceso a la tierra es más crítica que nunca.

Sin el sueño de Goulart de la reforma agraria se está cristalizando en el presente, definitivamente lo está haciendo de una manera inusual.

La ocupación de hecho de los terrenos por parte del Movimiento de los Sin Tierra está impulsando lo que ha sido un proceso de larga duración. Los campesinos brasileños habían empezado a organizarse a principios de los 60 en un esfuerzo por ganar el derecho a reclamar título legales para los suelos que habían trabajado o en los que habían vivido como agricultores arrendatarios durante muchos años.

Cuando Goulart fue derrocado por el Ejército, el nuevo Gobierno declaró que se había visto forzado a entrar en acción. Los dictadores siempre se refirieron al golpe y a su régimen como "una revolución democrática" que salvó a Brasil de "la amenaza comunista".

Fue una época de crecimiento económico excepcional. Pero no fue hasta la primera mitad de la década de los 80, cuando el milagro económico brasileño perdió su fuerza y su inmensa deuda internacional impulsora de la expansión llegó a su vencimiento, que la dictadura se fue a pique, eventualmente perdiendo apoyo, incluso de las élites que la habían ayudado a establecerse. Las protestas populares se volvieron demasiado grandes para controlarlas.

Fue en este ambiente en el que se establecieron las organizaciones que actualmente trabajan en pro de la reforma agraria: el Departamento Nacional para los Trabajadores Rurales del CTU y especialmente el Movimiento de los Sin Tierra.

 Democratizando la Tierra

Con 12 años de existencia, el MST entró en acción pro primera vez en tres estados sureños de Brasil, Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, pero sus actividades se han expandido desde entonces por todo el país.

La decisión de ocupar un área usualmente es tomada por un sindicato rural local, que recurre a la oficina nacional de Movimiento de los Sin Tierra en busca de ayuda.

El Movimiento proporciona transporte, tiendas de campaña, herramientas agrícolas y semillas. Pero aún más importante, ayuda con gente. Tiene más de 5 mil 200 "militantes profesionales" que organizan ocupaciones de suelos y trabajan por la "democratización de la tierra" dentro del sistema político.

Ni el Movimiento de los Sin Tierra ni el Gobierno brasileño pueden responder definitivamente a la pregunta de cuántas personas han participado en ocupaciones de tierras. Pero entre 1986 y 1995, 139 mil familias eventualmente recibieron el derecho legal a los terrenos en donde se habían establecido. Otras 44 mil familias están involucradas en ocupaciones actuales.

Sumando a aquellos que han perdido sus vidas en esta lucha, no es irrazonable calcular que en los últimos 10 años, aproximadamente 700 mil personas, entre hombres, mujeres y niños, han estado directamente involucradas en las ocupaciones.

Durante la última década, el MST se ha vuelto poderoso. La organización no tiene un solo líder, sino que es administrada por un consejo nacional de coordinadores. Los directores provienen de los "militantes profesionales" del movimiento.

Una estructura similar existe a nivel estatal. Las ocupaciones individuales son auxiliadas por organizadores locales, coordinadores de campamentos que funcionan a nivel local. Cada uno de ellos atiende un área diferente de interés[ educación, nutrición, salud, producción, negociaciones de conflictos y prensa. Además, los trabajadores que participan en cada ocupación eligen a sus propios representantes.

Conforme ha crecido el Movimiento, se ha diversificado. De acuerdo con el periódico Folha de Sao Paulo, el MST tiene un presupuesto de operaciones de millones de dólares anuales. Un uno por ciento de todo lo que es producido en los asentamiento que ahora son dueños de su propia tierra está destinado a la organización.

 El año del cambio

Es difícil evaluar la opinión pública sobre los Trabajadores Sin Tierra. Los medios de comunicación masiva frecuentemente se refieren a los miembros de la organización como "invasores de terrenos". No obstante, muchos brasileños tienen una imagen positiva del grupo, creen que ha demostrado preocupación por la justicia social y que ha luchado por la reforma de una manera disciplinada y no violenta.

Aun así, los sucesos de este año pueden poner a prueba la habilidad y la voluntad del Movimiento para mantener la disciplina y la práctica de la no violencia.

En los últimos 12 meses, los Sin Tierra han organizado un mayor número de ocupaciones y recibido más atención que nunca de los medios de comunicación. Pero dos iniciativas, una pública y otra privada, han resucitado a instituciones que amenazaron a las primeras organizaciones activistas durante el régimen militar.

Este año, el Presidente Fernando Herique Cardoso estableció la Agencia Brasileira de Inteligencia, o ABIN. El General Alberto Cardoso, el Ministro de Asuntos Militares que estaba encargado del establecimiento de la ABIN, sostiene que el papel de la Agencia es vigilar a los grupos populares "potencialmente peligrosos, para que de esta manera no puedan ser manipulados políticamente". Al mismo tiempo, renació la Unión Demócrata Rural (UDR), una organización paramilitar dirigida por propietarios de tierras que fue disuelta en 1944.

El lema del Movimiento es: "Ocupar, resistir y producir. La reforma agraria es la lucha de todos". La organización argumenta que la reforma agraria es una condición necesaria para la democracia, así como una manera de solucionar el hambre y las altas tasas de desempleo.

Una nueva característica del Movimiento es la ocupación de edificios citadinos. Este fenómeno urbano atrae la atención de los medios de comunicación más rápidamente que las actividades rurales y probablemente sea más seguro, dado que la Policía Militar puede estar renuente a pagar el alto costo político que podría traer consigo otro asalto visible contra los posesionarios.

Cuando la simpatía pública por el MST se acrecentó debido a la masacre de abril, el Presidente Cardoso nombró a Raúl Jungmann nuevo Ministro de Política Agraria para acelerar las adquisiciones y la redistribución de las tierras por parte del Gobierno.

Jungmann sostiene haber transferido más de 800 millones de hectáreas en los primeros 100 días de su gestión. Sin embargo, el Atlas de Suelos de Brasil revela que el patrón de propiedad de tierra del país es casi idéntico al de hace 56 años, con más del 62 por ciento de tierra cultivable "improductiva", que podría dar cabida a todas las personas sin tierra que deseen convertirse en miembros de los asentamientos.

Sin embargo, la división de la tierra no es una solución total. Una reforma más efectiva también proporcionaría a los trabajadores asistencia de arranque. De hecho, las estadísticas muestran que los lugares donde están establecidos los posesionarios tienen menos acceso a la infraestructura y reciben menos subsidios del Gobierno que otras áreas. Como resultado, es más probable que los ocupantes de tierras no tengan éxito y se vean forzados a vender su nueva propiedad.

Pese a ello, en la actualidad, con las modernas comunicaciones y la libertad de prensa, organizaciones como la de los Sin Tierra pueden despertar a la oposición.

Siempre existe el peligro de que la situación actual pueda convertirse en una sangrienta guerra civil. "En el futuro vamos a tomar las propiedades de manera definitiva. Y tomaremos las armas para luchar si algún propietario de las tierras intenta desalojarnos por la fuerza", proclamó José Rainha, uno de los directores nacionales del Movimiento.

Si no se promueven las sólidas política sociales, que resultan en una reforma significativa y de larga duración, y que rescatan a un número considerable de pobres, la democracia brasileña puede estar en grave peligro. La oligarquía podría formar otra alianza con el Ejército, estableciendo una nueva dictadura.

Alternativamente, no puede ser descartada una guerra abierta entre los que tienen y los que no tienen. La interrogante es: ¿Cuánto tiempo puede continuar un lento proceso de reforma, acentuado por masacres ocasionales? No indefinidamente.

 
 
 
 
  © Copyright 1999-2007 PortuguésOnline.com ® - Terminos y Condiciones de Uso