Forró,
tapioca y largas playas con arena finísima
que se extienden desde donde nace hasta donde
se pone el sol, agitación o soledad;
pintoresquismo o modernidad; exhuberancia o
aridez, porque Ceará es una tierra de
contrastes donde la sorpresa es una posibilidad
constante.
El Estado do Ceará está ubicado
en la región nordeste de Brasil, muy
cerca de la línea del Ecuador. Tiene
clima caliente y húmedo en el litoral;
frío y húmedo en la región
serrana y árido en el sertão (campo).
El agua del Océano Atlántico que
baña sus costas.
Fortaleza
La capital de Ceará es una gran ciudad
con alrededor de 1 millón setecientos
mil habitantes. Su temperatura media anual es
de 27 grados centígrados, lo que unido
a la tibieza de las aguas que bañan sus
playas, al encanto de sus barrios históricos,
la modernidad de sus servicios y a la buena
oferta hotelera, la han convertido en un referente
insoslayable a la hora de conocer el nordeste
brasileño. Fortaleza pide que se la recorra
sin prisas. Así en la Praia do
Futuro donde la agitación comienza
bien temprano y acaba de madrugada- hasta en
las praias menos visitadas -donde todo tiene
el color de lo que es mirado por primera vez-
la onda que se curte es la de disfrutar a pleno
la naturaleza. Tampoco hay que privarse de bailar
forró -la sensual danza típica
del nordeste- ni de probar la carne-do-sol (similar
a nuestro conocido "charque", es ingrediente
obligado de varios platos típicos) o
beber la rica y digestiva agua del coco verde,
o caminar bajo las palmeras, sobre la finísima
arena, esperando la caida del sol, que por esas
latitudes se retira muy temprano.
Y cuando cae la noche, que mejor programa que
recorrer la feria de artesanato
que cada atardecer se despliega sobre la costanera
céntrica, o iniciar un roteiro gastronómico
que abarca desde la sencillez del peixe frito
com farofa (pescado frito con acompañamiento
de harina de mandioca) hasta cualquier sofisticado
plato de la cocina internacional. Y de postre,
nada mejor que uno de los cuarenta sabores de
sorvete (helado) que es posible conseguir y
que se preparan con frutas misteriosas y de
nombres sugerentes como acerola, caju, pitomba,
manga cajá, graviola, sirigüela
o pequí.
Pero la ciudad esconde
otros placeres, como el de recorrer el Mercado
Central, donde se consiguen las mejores
artesanías de la región; o el
antiguo puerto, cuyos almacenes fueron recuperados
y restaurados y hoy albergan restaurantes de
todo tipo. Otro paseo imperdible es una visita
al Centro de Arte y Cultura Dragão do
Mar. Allí, en una construcción
de 30.000 metros cuadrados, el visitante puede
disfrutar de un planetario, salas de cine, salas
de exposiciones, museo de arte contemporáneo,
un memorial de la cultura cearense, restaurantes,
teatro y un shopping.
Sin embargo, detenerse en Fortaleza guarda aún
otras ventajas. Quien hace pié allí,
puede luego optar por tomar la ruta hacia donde
sale o donde se pone en sol. En una u otra dirección,
encontrará maravillas que no se pueden
perder.
Ruta del Sol Naciente
El litoral este de Ceará es conocido como
Rota do Sol Nascente y alberga gran cantidad de
playas con diferentes encantos. Los lugares más
destacados de esta ruta lo constituyen Canoa
Quebrada, alguna vez punto de encuentro
de hippies y artesanos amantes de la paz, y Porto
das Dunas, que se hizo famoso a partir
de la construcción del resort Beach Park.
El recorrido hacia el sol naciente comienza,
justamente, en Dunas, una playa extensa ubicada
en la región metropolitana de la capital,
donde abundan los paradores que ofrecen caranguejo,
pargo frito y bolinhas de peixe cocinadas al
mejor estilo nordestino. Sin embargo, no son
estos los placeres que buscan los que allí
se dirigen. El polo de atracción lo constituye
el Beach Park, promocionado
como el mayor parque acuático de la playa
da América do Sul, con decenas de toboganes,
equipamientos y juegos para disfrutar del agua.
A partir de allí, y tomando la ruta CE-040,
se llega a Prainha y a Iguape,
lugar este último con mucho movimiento
turístico y en el que vale la pena visitar
alguno de los centros que comercializan rendas
de bilro (tejidos de encaje de bolillo), ya
que se pueden conseguir mejores precios que
en el Mercado Central.
Desde allí, vale la pena hacerse una escapada
hasta Presídio, una playa
que queda pegadita a Iguape, pero que al no contar
con paradores se ha mantenido prácticamente
desierta. Luego, siguiendo por la misma rodovia,
se puede llegar hasta Batoque,
otro paraiso ignorado por el turismo que tiene
una extensa playa y pequeñas dunas de fina
arena; Beberibe, que también
tiene el atractivo extra de un parque acuático
y es considerado uno de los lugares más
sofisticados de la región.
Caponga y Morro Branco.
En la primera, pequeños arrecifes forman
piscinas en la marea baja, lo que hace las delicias
de los más chicos. En la segunda, las
arenas de distintos colores han dado origen
a una artesanía típica elaborada
por los lugareños con mucha destreza
e increíbles dosis de paciencia. Se trata
de pequeños paisajes encerrados en frascos,
realizados exclusivamente con la ayuda de un
palillo con el que se combinan las diferentes
tonalidades de la arena de las dunas. Pero eso
no es todo, una mención aparte merecen
los habitantes de la zona: jangadeiros (pescadores
que se hacen a la mar en barquitos que parecen
de juguete), rendeiras (tejedoras) y decenas
de niños sonrientes que compiten para
convertirse en guías de los visitantes.
Tampoco pueden dejar de visitarse Praia
das Fontes, con acantilados (falésias)
desde donde caen chorros de agua dulce que se
deslizan hacia el mar; Aracatí, "la
reina del carnaval", con su arquitectura
de principios de siglo; y, un poco más
adelante, Uruaú, Barra da Sucatinga,
Parajurú y Prainha de Maceió,
lugar elegido por los lugareños para
la pesca de la lagosta y el caranguejo. Y, casi
al final del camino, Canoa Quebrada,
que hoy se ve bastante distinta de aquella playa
elegida por los hippies en los años 70
y que, según sus adeptos, poseía
un aire místico que los acercaba al cielo.
La Canoa que espera a los nuevos visitantes
está repleta de quioscos que funcionan
a pleno, de ómnibus y carros que recorren
sus calles y de lugares sofisticados para comer
y hospedarse. Sin embargo, los amantes del lugar
aseguran que no ha perdido ni una pizca del
encanto que siempre tuvo y que hizo que muchos
de los que llegaron a visitarla no quisieran
marcharse nunca
Algo más sobre Canoa Quebrada
Allá por los 70, los hippies hallaron en la
soledad de este paraje enmarcado por grandes dunas,
un lugar pacífico para desarrollar su particular
forma de vida.
A partir de ese momento, en la sencilla villa
de pescadores comenzó a tejerse una leyenda
de magia y de energía positiva que atrajo
a los que buscaban algo más que un lugar
para vacacionar. Hoy, los que llegan a Canoa
Quebrada encuentran las mismas imponentes dunas
que sedujeron a los primeros visitantes y pueden
presenciar, exactamente como aquéllos,
como los pescadores se hacen a la mar en sus
primitivas jangadas. Pero, además, descubren
que hay posadas para todos los gustos, que pueden
experimentar diferentes tipos de deportes de
aventura tanto en la arena como en las olas
y que en rua Broadway, su calle principal, es
posible curtir reggae o forró hasta el
amanecer. Los que deseen comprobar todo esto
con sus propios ojos, deben saber que, desde
Fortaleza, los espera un recorrido de 150 kilómetros
que puede ser recorrido en ómnibus que
parten de la Terminal Rodoviária y realizan
el trayecto en unas 3 ó 4 horas.
Ruta del Sol Poniente
El litoral Oeste de Ceará, que se extiende
hasta el límite con el Estado do Piauí,
suele ser descrito como "un mar de dunas".
Es que al mar limpio y morno (tibio) y a las lagoas
que de tanto en tanto matizan el paisaje, se agregan
médanos de hasta 30 metros de altura que los
visitantes más aventureros adoran recorrer
en buggys o cuatriciclos.
El que guste iniciar esta atractiva travesía,
deberá salir de Fortaleza en dirección
a Barra do Ceará. La primera playa que
aparece ante los ojos es Tabuba,
donde aseguran que se come el mejor caranguejo
de toda la región. La próxima
parada es Cumbuco, donde es
posible alquilar buguis, triciclos y hasta jangadas
y helicópteros y se puede disfrutar de
un entretenidísimo Carnaval. Luego es
el turno de visitar Paracuru
y Lagoinha, que es el destino
elegido por gran cantidad de turistas que adoran
su larga playa sombreada por coqueiros. Desde
allí, cuando la marea está baja
se puede pasar a la playa de Barra do
Rio, donde en invierno se realizan
regatas de jangadas.
Los que deseen seguir explorando encontrarán
la ciudad de Paracuru, la única -además
de la capital- que tiene su parte urbana construída
a orillas del mar. Las playas a visitar son allí
Baleia, Fleixeiras y Mundaú, de fina arena
y donde la marea en bajante va dejando piletones en
los que suelen quedan atrapados pececitos de colores.
También son playas con dunas, están
pobladas por sencillos pescadores y el viento habitual
en la zona modela con ellas un paisaje siempre cambiante
y silencioso.
Luego es el turno de Torrões,
repleta de cajueiros (la palmera del cajú)
que dan aroma y vida a un paisaje solitario y Almofada,
una ciudad histórica con una iglesia que ostenta
un récord singular. Según relatan las
crónicas, Nossa Senhora da Conceição
sufrió en 1897 el embate de un fuerte viento
y quedó sepultada bajo la arena. Más
de cuarenta años después, en 1940, otro
fuerte viento modificó la superficie y la sacó
a la luz. Y hay muchas otras playas con nombres sugerentes
que un visitante con tiempo puede recorrer con placer.
Todas están casi desiertas y no figuran en
las guías de turismo. Pero todavía queda
por conocer un punto al que casi todos quieren visitar.
No es para menos, ya que Jericoacoara,
con sus grandes dunas, su mar transparente y sus arrecifes
modelados por el agua y el viento, fue incluida por
el Washington Post, en 1987, en una lista que nominaba
a las diez playas más bonitas del mundo. Se
trata de un área ecológica preservada,
con excelente infraestructura para la atención
de un turismo exigente. Tiene como símbolo
mayor la Pedra Furada (roca agujereada), que es una
escultura natural modelada por los elementos, y posee
un "bonus track" de impactante belleza.
Se trata de la Lagoa da Gijoca, con aguas que van
del azul celeste al verde esmeralda, y que para muchos
es aún más bonita que la misma Jeri.
Y la ruta depara más sorpresas. Los que no
temen al esfuerzo, ya que el acceso hacia ellas no
es fácil, pueden llegarse hasta Tajuba y Bitupitá.
Allí esperan dunas, coqueiros y la Ilha
Grande, bañada por cinco ríos
y con playas casi vírgenes. Una vez allí,
descubrirán que cualquier esfuerzo habrá
valido la pena.
Algo más sobre Jericoacoara
"Jeri", como la llaman los que la aman,
está situada a 302 kilómetros de Fortaleza.
Aunque desde el año 99 existe una línea
aérea regular que la liga con el Aeropuerto
Pinto Martins, lo usual es encarar el viaje
por tierra. Si ése es su propósito,
debe saber que desde el mismo aeropuerto de Fortaleza
salen ómnibus hasta la Terminal Rodoviária,
desde donde parten los servicios hacia Jericoacoara.
Hay dos opciones, las empresas Redentora o Redenção.
Ambas van hasta Gijoca. Desde allí, e incluídas
en el precio del pasaje, parten jardineiras 4x4 que
encaran el último tramo por territorio de dunas.
El viaje completa dura unas 7 u 8 horas.
En la villa, la atención al turista es sencilla
pero buena. La mayor sofisticación del lugar
está dada por el paisaje, por el espectáculo
del sol al nacer y al ponerse sobre el mar y por la
luz de la luna sobre las dunas. Hay pousadas, restaurantes,
barracas de playa, bares que permanecen abiertos hasta
el amanecer y típicos lugares donde escuchar
y bailar forró. Los paseos típicos son
los acuáticos -que pueden desarrollarse a pleno
ya que hay buen oleaje- y los paseos de aventura sobre
las blancas dunas. Sin embargo, el paseo preferido
es la caminata hasta la pedra furada,
hasta el Serrote (serranía de 100 metros de
altura) donde se encuentra el Farol de Jericoacoara
(faro) o hasta la Praia de Malhada, donde está
permitida la práctica del nudismo. Otro lugar
imperdible es la Lagoa do Paraíso,
un lago de agua dulce y transparente de 15 kilómetros
cercado por dunas. Un detalle que pinta a Jericoacoara
de cuerpo entero es que la provisión de luz
eléctrica llega por cables subterráneos
y solamente a las casas. La iluminación de
las calles corre por cuenta de la luna y las estrellas.
¿Qué es Forró?
Una de las características distintivas del
Nordeste brasileño es su música, y esta
música se llama forró. Se trata de un
ritmo bailable rápido de melodía pegadiza.
Los nordestinos lo definen como rápido, gostoso
e quente, y hay que darles la razón. Y agregar
que, además de todo esto, es una danza sensual
que se baila en pareja y con los cuerpos muy próximos.
Los que conocen de géneros musicales dicen
que el forró es hijo del baião, pero
mientras de este último casi nadie se acuerda,
el forró hace rato que ha traspasado los límites
del terruño que lo vio nacer y hoy puede escucharse
en todo el territorio de Brasil. Por algo será.